Como especializado en crítica destructiva que soy, hoy quiero hablar del macrocenter, eso que será un fastuoso centro de estudios solo comparable con mítico Howarts de Harry Potter o quizás, con el instituto de la serie Salvados de por la campana donde Zack y sus amigos se hacían los graciosos en una serie típicamente americana. Pero no es este el tema.
Cuando oí por primera vez eso de macrocentro me sonó a cuando abrieron el Centro Comercial Arcángel, algo grande, pero grande, grande, grande de verdad, algo como cuando se abrió el Media Mark o algo así.
El macrocenter se dividirá en dos apartados: mira que grandes son o los niños porculeros de la ESO y será muy entretenido eso de ver corretear a los futurbles jefes (o jefas, lenguaje sexista no, ¿eh?) con partes en la mano por una de las dos alas del macrocenter, que no son dos alas, son dos institutos, gritando: ¡Eh, tú, pero qué te has creído! y que el niño le hiciese un calvo... Sólo por ver esto me gustaría repetir.
En serio, el macrocenter es una cagada, una más, por supuesto, de la delegación (o del Cabezón que manda en Sevilla y que lleva sentado alrededor de dieciséis añitos, o más) porque lo único que harán, según parece, es ahorrarse profesorcillos y tirar alguna que otra pared, además de ampliar la oferta de grados medios como el de frío y calor que ya estaba, o no sé cuáles más, tampoco me importa.
Y es que claro, mejor no quejarse, ¿para qué vas a decir que un macrocenter no es necesario? ¡Pero si vas a cobrar lo mismo, tonto! ¿Qué más te dará? Cuando toda la gentuza de distintas partes cercanas al barrio los metan en el macrocenter van a conocer lo que es la marginalidad (jejeje).
Deseo mucha suerte a los profiteroles que trabajen ahí, yo intentaré reírme (y quejarme) lo menos posible.
martes, 3 de julio de 2007
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